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El encarecimiento de los alquileres comerciales asfixia al pequeño comercio y a la hostelería en Canarias

La Federación de Desarrollo Empresarial y Comercial de Canarias (FEDECO Canarias) alerta de la grave situación que atraviesan los autónomos del archipiélago debido al incremento desproporcionado de los alquileres de locales comerciales. Según los datos del Observatorio del Trabajo Autónomo, hasta un 47% de los trabajadores por cuenta propia sitúa el alquiler como su principal gasto profesional, mientras que el 43% destina entre una cuarta parte y la mitad de sus ingresos netos a este concepto. Además, uno de cada cuatro (27%) considera que este coste es un auténtico lastre que impide el desarrollo y la supervivencia de su negocio.

Mientras que el Gobierno del Estado aplicó medidas de contención a las subidas del IPC estos pasados años en el alquiler de vivienda habitual y residencial, con incrementos acumulados del 9,5% desde el año 2021 tras la pandemia. El alquiler de locales comerciales ha estado libre y los precios de los alquileres se han incrementado sin limitaciones, siendo un aumento superior al 30% en los mismos periodos.

La situación es especialmente preocupante en Canarias, donde el comercio y la hostelería de las zonas turísticas y capitalinas sufren con mayor intensidad el impacto del encarecimiento de los alquileres de los locales. La presión inmobiliaria, unida a la especulación y a la competencia desleal de grandes cadenas y fondos de inversión, está vaciando de identidad las ciudades y mermando la viabilidad de establecimientos de hostelería y pequeños comercios tradicionales.

“No es sostenible que se destine la mitad de lo que se ingresa solo a pagar el local. Esto está expulsando del mercado a emprendedores y negocios históricos que forman parte de nuestra identidad social y cultural. Si no se actúa, corremos el riesgo de ver desaparecer a buena parte del tejido empresarial canario que queda en los próximos años”, destaca Antonio Luis González, presidente de FEDECO Canarias.

Por su parte, Víctor Sánchez Cruz, secretario general de la Federación de Desarrolla Empresarial y Comercial de Canarias, añade: “El alquiler ya no es un gasto más, es una barrera estructural que frena la modernización, el relevo generacional y la creación de empleo en sectores clave como el comercio y la hostelería. Se necesita aplicar medidas: una regulación de precios en zonas tensionadas, ayudas directas al alquiler, bolsa de locales vacíos, la recuperación de locales públicos en desuso y un marco que garantice que los pequeños empresarios puedan seguir operando”.

Desde FEDECO Canarias se hace un llamamiento a las administraciones públicas, tanto autonómicas como locales, para que afronten con urgencia esta situación. El encarecimiento de los alquileres comerciales no solo amenaza la continuidad de miles de negocios, sino que también compromete la vida de los barrios, el empleo y la propia sostenibilidad de la economía turística y de servicios del archipiélago.

“Ser un trabajador competente y no morir en el intento”

En un mundo laboral cada vez más exigente, impredecible y volátil, ser un trabajador competente no es solo una ventaja: es una necesidad de supervivencia profesional. Pero la competencia personal no siempre garantiza el éxito ni protege del desgaste emocional. ¿Cómo se puede mantener el rendimiento sin naufragar en medio de la mediocridad generalizada, los compañeros tóxicos y los clientes maleducados? Daremos algunas claves prácticas para mantenerse firme, eficiente y cuerdo en el actual entorno laboral.

Ser competente no es saberlo todo, sino saber hacer bien lo que se debe hacer. Y para eso, se requiere una combinación de conocimiento, disciplina, autonomía y ética profesional. Es decir, llegar a tiempo, cumplir plazos, reconocer errores, corregirlos y aprender de ellos. También significa no esconderse detrás del trabajo en equipo para justificar la vagancia personal ni delegar responsabilidades hacia abajo para esquivar el esfuerzo.

Un trabajador competente se actualiza. No espera a que se lo pidan. Observa, mejora procesos, cuida los detalles, pero sin caer en la esclavitud del perfeccionismo inútil. La competencia se cultiva cada día, como un oficio bien hecho, sin fuegos artificiales ni necesidad de aplausos.

El síndrome burnout o del trabajador quemado rara vez proviene del exceso de tareas. Suele nacer de la frustración crónica ante la ineficacia del entorno. Te desgasta más el compañero que siempre llega tarde y no pasa nada, que una jornada larga pero productiva. Fatiga más el cliente que grita sin razón que resolver un problema técnico complejo. Y agota más un jefe errático o narcisista que una carga de trabajo superior. Por eso, uno de los grandes retos no es solo ser competente, sino aprender a blindarse emocionalmente frente a la incompetencia ajena. No es insensibilidad, es higiene mental.

Una organización puede sobrevivir a la ignorancia temporal, pero no a la malicia persistente. El compañero tóxico no siempre es el que grita o insulta: a veces es el que siembra cizaña, manipula, chantajea emocionalmente o siempre tiene una excusa para no hacer su parte. Hay que detectarlos y marcar distancia profesional. Sin confrontaciones innecesarias ni entrar en su juego. Neutralidad activa: responder lo justo, documentar lo necesario, evitar conversaciones informales con quienes distorsionan todo, y no esperes reconocimiento de quien no sabe lo que vales.

El lema de que “el cliente siempre tiene la razón” ha envejecido muy mal. No se trata de rendirse a la irracionalidad del consumidor, sino de entender que la educación emocional es parte del servicio. La mayoría de los clientes maleducados no están enfadados contigo: están frustrados con su vida, con el sistema, con sus propias carencias y la pagan contigo porque pasabas por allí.

La clave está en el desapego emocional profesional. Escucha sin tomártelo personal. Responder con firmeza, pero sin soberbia. Si se pasa de la raya, no lo toleres. Una empresa que no protege a sus empleados de los abusos verbales de clientes no merece su talento.

Muchos trabajadores se queman porque aceptan todo, incluso lo que no les corresponde. Dicen “sí” por miedo, por presión social, por no quedar mal… y terminan asumiendo tareas que no les competen, salvando errores de otros o trabajando horas extras que se vuelven costumbre.

Ser competente también es saber establecer límites claros. Un “no” argumentado y respetuoso es mejor que un “sí” resentido. Y si tu entorno no valora eso, entonces no estás en una organización que merece la pena.

Muchos profesionales dedican horas a formarse, a cumplir objetivos, a destacar en su sector… y muy poco tiempo a descansar, a desconectar, a vivir. La salud mental no es un lujo moderno, es un pilar de la competencia real. Dormir bien, tener hobbies, saber apagar el móvil fuera del horario laboral y poner límites a la intrusión digital no es vagancia, es inteligencia emocional aplicada.

En un entorno laboral donde abunda la improvisación, el cortoplacismo y la falta de responsabilidad, ser competente es casi un acto de rebeldía. Pero cuidado: no conviertas tu competencia en una trampa. No trabajes para suplir lo que otros no hacen. No asumas que por ser eficiente mereces más carga. No sacrifiques tu paz por el caos de los demás.

Ser competente hoy es saber hacer bien lo tuyo, cuidar tu salud emocional, poner límites con elegancia, y tener claro que tu valía no depende del reconocimiento ajeno, sino de tu coherencia interna.

Trabaja bien y no te inmoles. La verdadera competencia es saber dónde termina la responsabilidad y empieza la dignidad.

Por Antonio Luis González Núñez

Presidente de Fedeco Canarias

Huxley y Orwell: distopías de la sociedad actual

Aldous Huxley y George Orwell son dos nombres clave en la literatura del siglo XX que nos ofrecieron advertencias proféticas sobre el rumbo que podría tomar la sociedad. Sus obras más conocidas, Un Mundo Feliz (1932) y 1984 (1949), son distopías que durante décadas han servido para analizar las dinámicas de poder, control y libertad. Aunque ambos autores imaginaron futuros opresivos, sus modelos difieren radicalmente: mientras Orwell temía un mundo de opresión visible y brutal, Huxley nos advirtió sobre una esclavitud voluntaria disfrazada de placer. En la sociedad actual, plagada de avances tecnológicos, sobreinformación y polarización ideológica, resulta crucial tener sentido crítico para poder discernir la realidad.

En 1984, Orwell describió un futuro con un régimen totalitario donde el Estado vigila a cada ciudadano y reprime cualquier forma de disidencia. El “Gran Hermano” es una figura omnipresente que personifica el poder absoluto, y el Ministerio de la Verdad se encarga de reescribir constantemente la historia para ajustarla a la narrativa oficial. En este mundo, el miedo es la herramienta más efectiva de dominación.

Por el contrario, Un Mundo Feliz de Huxley presenta una sociedad aparentemente utópica, donde las personas viven en una constante felicidad artificial. Aquí no hay necesidad de represión violenta, porque los individuos han sido condicionados desde el nacimiento para aceptar su lugar en el sistema. El control se ejerce a través del placer, el entretenimiento, la droga “soma” y la promesa de confort permanente.

En la distopía de Orwell, la tecnología se emplea como herramienta de vigilancia y castigo: las cámaras observan todos los movimientos, incluso dentro del hogar. El pensamiento independiente es castigado y el lenguaje es manipulado para impedir ideas peligrosas.

En cambio, Huxley nos muestra una tecnología que embelesa en lugar de atemorizar. La sociedad está diseñada para maximizar el placer y eliminar el dolor. Los medios de comunicación y la ciencia no se usan para controlar mediante el miedo, sino para narcotizar a la población mediante estímulos constantes y superficiales. La información abunda, pero es irrelevante o descontextualizada, lo que anula la capacidad crítica de la población.

La libertad, para Orwell, es directamente suprimida. La individualidad no existe y los actos de rebeldía son exterminados física y psicológicamente. El protagonista, Winston, intenta recuperar su humanidad, pero el sistema lo destruye.

Las personas, para Huxley, no desean ser libres porque no son conscientes de su esclavitud. Han sido programadas para no cuestionar el orden social, y la idea de pensar por sí mismos es inconcebible. La libertad ha sido sustituida por una felicidad condicionada, fabricada por el Estado. No se necesita policía del pensamiento cuando nadie quiere pensar.

En la actualidad, la era digital ha transformado la vigilancia en algo ubicuo y, en muchos casos, voluntario. Si bien los gobiernos pueden ejercer control a través del espionaje electrónico, gran parte de la información la entregamos nosotros mismos a través de nuestras redes sociales, asistentes de voz, dispositivos inteligentes y aplicaciones móviles. La vigilancia ya no se impone con violencia, sino que se disfraza de servicio útil que mejora nuestro bienestar.

Vivimos en la cultura del “like”, del entretenimiento constante y la gratificación inmediata. Las plataformas sociales de contenidos ofrecen estímulos sin pausa, adaptados a nuestras preferencias mediante algoritmos que entienden mejor nuestros deseos que nosotros mismos. El “soma” de Huxley ha adoptado múltiples formas: desde psicofármacos hasta videojuegos y contenidos virales. Esta abundancia de placer superficial reduce la necesidad de reflexión profunda o crítica, anulando la capacidad de la sociedad para cuestionarse.

Tanto Huxley como Orwell alertaban sobre la manipulación de la información, pero desde enfoques muy opuestos. En la sociedad actual, los “ministerios de la verdad” no son únicos ni centralizados, como en 1984, sino múltiples, fragmentados y contradictorios. Las noticias falsas, la desinformación y los filtros burbuja provocan una confusión generalizada que se asemeja más a la visión de Huxley: no hay una verdad suprimida por la fuerza, sino una saturación mediática trivial que desactiva el pensamiento crítico.

Si observamos la sociedad actual, podríamos concluir que Huxley fue más certero en su predicción. El control no se impone desde fuera, sino que se interioriza. No hace falta censurar libros si nadie quiere leerlos. No hace falta silenciar la disidencia si todos están demasiado ocupados con sus placeres inmediatos para prestarle atención. La libertad se diluye en un mar de entretenimiento, consumo y apatía.

Orwell, sin embargo, en regímenes autoritarios contemporáneos, su visión sigue estando vigente. Gobiernos que persiguen a periodistas, reprimen protestas o manipulan la historia siguen aplicando fórmulas orwellianas. Incluso en democracias consolidadas, los mecanismos de vigilancia y control masivo están cada vez más perfeccionados.

Por tanto, quizá la conclusión más sensata es que ambas visiones coexisten: la represión orwelliana y el hedonismo huxleyano no son excluyentes, sino complementarios. En algunos contextos predomina una, en otros, la otra. Pero si se trata de entender el corazón del sistema global dominante hoy en día —una mezcla de capitalismo tecnológico, hiperconectividad y manipulación del deseo— entonces Un Mundo Feliz resulta un mapa más preciso.

Las distopías de Huxley y Orwell fueron concebidas como literatura de ficción, con mensaje y advertencias, no como profecías inevitables. Su función era alertarnos sobre los caminos que podríamos tomar si renunciábamos a nuestra libertad y sentido crítico. Hoy, enfrentamos una paradoja: somos más libres formalmente que nunca, pero quizás también más manipulados. Nos sentimos informados, pero muchas veces estamos desorientados.

Entre el miedo y el placer, entre la censura y el entretenimiento, entre la represión y la indiferencia, se juega el destino de nuestra autonomía como sociedad actual. La distopía más peligrosa no es la que se nos impone, sino la que aceptamos con una sonrisa.

Antonio Luis González Núñez

Presidente de FEDECO Canarias

No a la ampliación del Puerto de Los Cristianos

Desde FEDECO Canarias nos solidarizamos con la Asociación de Empresarios, Comerciantes y Profesionales de Arona en su exposición de motivos sobre la ampliación del Puerto de Los Cristianos.

Cuando en septiembre de 1993 se creó nuestra asociación de empresarios, fue, entre otros motivos, por la necesidad de que la sociedad civil y empresarial del pueblo de Los Cristianos se articulara para tener una voz cualificada en la defensa de sus intereses.

Por aquel entonces, uno de los temas fundamentales era el Puerto de Los Cristianos. Había voces a favor y en contra, pero la opinión mayoritaria era que esas obras no podían imponerse, ni realizarse de espalda a la población, y que debían contar con el consenso de todos. Fueron muchísimas horas de trabajo para lograr lo que finalmente se consiguió y que ha perdurado todos estos años.

Ese tema quedó aparcado del debate público hasta que, desde hace algunos años, comenzaron a evidenciarse las molestias y quejas por la situación de sobreexplotación de la bahía por parte de las navieras, las colas diarias y el colapso de las vías del municipio hasta la autopista. Ya no se trata sólo del tráfico de pasajeros, sino también del de mercancías. No debemos olvidar que el Puerto de Los Cristianos es la principal arteria y puerta de acceso de mercancías y viajeros a las islas de La Gomera, La Palma y El Hierro.

Durante estas tres décadas, el pueblo de Los Cristianos ha evolucionado aprovechando su enclave privilegiado a nivel turístico y comercial. El crecimiento y la expansión, así como el boom inmobiliario en el municipio de Arona, han contribuido a una nueva concepción del territorio, del uso urbanístico y del aprovechamiento de los espacios. Circunstancia que ya no es compatible el concepto de destino de SmartCity.

Además, con el paso del tiempo, se ha podido constatar que la aportación del muelle y las navieras a la ciudad cada vez es menor; incluso la tecnificación ha dejado de utilizar mano de obra local.

La pesca está en decadencia, y la masificación en cada frecuencia marítima de las infraestructuras viarias, con las salidas y llegadas, se ha vuelto cada vez más asfixiante.

Responsables políticos de otras islas ya han dado la voz de alarma sobre el embotellamiento, los retrasos y el colapso inminente del modelo económico actual. Mientras tanto, en el municipio de Arona, desde hace décadas se ha mirado para otro lado y no se ha querido afrontar el tema, salvo honrosas excepciones.

Ha faltado valentía política para definir un modelo urbanístico integral para el municipio, que recoja las distintas sensibilidades, con el objetivo de alcanzar acuerdos y tomar decisiones que produzcan mejoras a corto, medio y largo plazo para el municipio y sus vecinos.

Arona es el tercer municipio de la isla de Tenerife y el quinto de Canarias por importancia económica y poblacional, y merece una consideración diferente, con una planificación a 25 y 50 años vista, para trabajar por el municipio que queremos dejar a las futuras generaciones y que debemos plantearnos desde ya, o llegaremos tarde.

Hay argumentos de peso que indican que la propuesta de ampliación del Puerto de Los Cristianos ha generado un intenso debate en la sociedad, con múltiples voces que se oponen a esta iniciativa por diversas razones.

El Puerto de Los Cristianos se encuentra dentro de la Zona de Especial Conservación (ZEC) Franja Marina de Teno-Rasca, un área protegida que alberga una rica biodiversidad marina, incluyendo cetáceos y tortugas. La ampliación del puerto podría alterar significativamente este ecosistema, afectando las corrientes marinas y provocando la pérdida de hábitats esenciales para estas especies. Además, experiencias pasadas han demostrado que las modificaciones en la infraestructura portuaria han tenido efectos negativos, como el desplazamiento de arena en playas cercanas, lo que sugiere que nuevas ampliaciones podrían agravar estos problemas.

En cuanto a la saturación urbana y turística, Los Cristianos es una zona turística y residencial densamente poblada que ya se enfrenta a problemas de congestión de tráfico y escasez de espacio. La ampliación del puerto podría intensificar estos problemas, afectando tanto a residentes como a visitantes. La construcción de nuevas infraestructuras portuarias en esta área podría alterar el paisaje urbano y reducir la calidad de vida en la localidad.

Es necesario debatir qué modelo de ciudad de Los Cristianos queremos para el futuro de Arona: uno cada vez más de espaldas al mar —lo cual sería un grave error— o un modelo con una playa integrada, y un puerto deportivo y tradicional que actúe como motor de la economía local, locomotora comercial, aportando beneficios para todos, y no solo para las navieras.

Apostamos por el estatus de gran ciudad y la capitalidad del sur, o damos la espalda a todo esto y permitimos que otros municipios tomen la delantera con inversiones megalómanas, mientras el colapso presente y futuro nos asfixia económica y poblacionalmente.

¿Alternativas viables?Diversas organizaciones y expertos han propuesto alternativas a la ampliación del Puerto de Los Cristianos. Una de ellas es el uso combinado de los puertos de Los Cristianos y Granadilla, lo que permitiría distribuir el tráfico marítimo y reducir la presión sobre un solo puerto. Esta opción es considerada más sostenible y menos perjudicial para el medio ambiente.

Informes técnicos han señalado que la ampliación del Puerto de Los Cristianos presenta desafíos significativos tanto desde el punto de vista técnico como económico. Las condiciones naturales del enclave no son las más adecuadas para una expansión portuaria, y los costes asociados a la construcción y mantenimiento de nuevas infraestructuras serían muy elevados. Además, se ha cuestionado la necesidad real de esta ampliación, considerando las alternativas ya existentes que están infrautilizadas como es el caso de Granadilla y otros proyectos como es el puerto de Fonsalía.

La oposición a la ampliación del Puerto de Los Cristianos también se enmarca en una visión más amplia que aboga por un modelo de desarrollo sostenible para la isla de Tenerife y para Canarias. Este modelo prioriza la conservación del medio ambiente, la calidad de vida de los residentes y un turismo responsable. La construcción de grandes infraestructuras que puedan comprometer estos principios va en contra de los intereses a largo plazo de la región.

La ampliación del Puerto de Los Cristianos plantea múltiples dudas, desafíos y riesgos que han sido ampliamente debatidos por expertos, organizaciones y la sociedad civil. Las preocupaciones medioambientales, urbanísticas, técnicas y económicas, junto con la existencia de alternativas más sostenibles, sugieren que es necesario reconsiderar esta propuesta y buscar otras soluciones que armonicen el desarrollo económico con la conservación del entorno y la calidad de vida de los tinerfeños, aroneros y playeros.

Es por todo lo expuesto que, desde la Asociación de Empresarios y Profesionales de Arona (AECP Arona), tras varias reuniones en las que se han debatido los pros y contras, se ha solicitado información adicional y nos hemos reunido con distintos expertos de diversos ámbitos y colectivos, nos pronunciamos en contra de la ampliación del Puerto de Los Cristianos.

Antonio Luis González Núñez

Presidente de FEDECO Canarias

UATAE INFORMA: Madrid y Canarias, a la cola en trabajo autónomo mientras Galicia y Castilla y León lideran el emprendimiento

El trabajo autónomo es un indicador clave de la economía de un territorio. En ese sentido, los últimos datos revelan que en España hay comunidades donde el autoempleo es una opción cada vez menos viable. Canarias, la Comunidad de Madrid y la Región de Murcia encabezan el ranking de las autonomías con menor número de autónomos en proporción a su población en edad de trabajar. En Canarias, por cada 1.000 habitantes de entre 16 y 64 años hay 93,2 autónomas y autónomos, en Madrid 93,5 y en Murcia 100,7, cifras que están por debajo de la media nacional y reflejan un problema estructural. La Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (UATAE) destaca que Madrid es un caso especialmente llamativo, porque como explica María José Landaburu, secretaria general de UATAE, “como supuesto epicentro económico del país, debería ser también un polo de atracción para el emprendimiento”. Sin embargo, “no lo es”, matiza Landaburu. Con 93,5 autónomos por cada 1.000 habitantes en edad de trabajar, se sitúa en el segundo peor puesto del país, solo por detrás de Canarias. Esto plantea una pregunta inevitable: ¿Por qué una de las regiones con más recursos y oportunidades presenta uno de los peores datos en trabajo autónomo?

Parte de la respuesta la da Landaburu, y es que, “está en las políticas que aplica la Comunidad de Madrid con respecto al trabajo autónomo, mientras en otras regiones se han impulsado programas de apoyo directos, planes de digitalización, medidas para aumentar la protección social, etc. Madrid ha optado por un modelo que prioriza a las grandes empresas y deja en un segundo plano a quienes tienen que lidiar con el desarrollo de su actividad económica a diario y en solitario”. Desde UATAE critican que las medidas de la Comunidad han estado más centradas en bonificaciones fiscales y desgravaciones que benefician sobre todo a los altos ingresos, pero no han ido acompañadas de políticas estructurales que mejoren las condiciones del trabajo autónomo. No hay un plan real para facilitar el acceso a financiación o garantizar un sistema de protección social más sólido para el conjunto del colectivo.

Otro factor determinante es el precio de los alquileres de locales comerciales y espacios de trabajo, que en Madrid y en otros tantos territorios del estado ha alcanzado niveles inasumibles para muchas y muchos autónomos. La falta de medidas de contención en este ámbito ha hecho que los pequeños comercios tengan que destinar una parte desproporcionada de sus ingresos a mantenerse en activo, lo que desalienta el impulso de actividades económicas y reduce la viabilidad de los proyectos a largo plazo. Canarias, con 93,2 autónomos por cada 1.000 habitantes, se sitúa en el último lugar de la tabla. Su dependencia del turismo y la alta temporalidad del empleo juegan un papel clave en este fenómeno. La falta de diversificación económica y la incertidumbre en sectores clave han hecho que el autoempleo no sea una opción atractiva o estable para buena parte de la población activa.

En el caso de Murcia, con 100,7 autónomos por cada 1.000 habitantes, puede radicar como señalan desde UATAE en la falta de una red sólida de apoyo con medidas específicas. Aunque el autoempleo en sectores tradicionales como la agricultura sigue siendo relevante, en otros ámbitos el tejido autónomo no ha logrado consolidarse como en otras regiones. “El hecho de que tres comunidades con perfiles tan distintos compartan los peores datos indica que el problema no es coyuntural, sino estructural”, expone Landaburu, que destaca que, “si el trabajo autónomo sigue siendo una alternativa poco atractiva en algunas regiones, es porque las políticas que lo acompañan no han sido las adecuadas”. En el caso de Madrid, “es evidente que la estrategia basada en la liberalización de la economía no ha beneficiado a las y los autónomos, porque no basta con atraer a grandes empresas si quienes quieren realmente quieren emprender no encuentran el respaldo necesario para hacerlo”. Las administraciones de cada comunidad necesitan un giro en su enfoque, “más apoyo directo, más incentivos específicos y una regulación que garantice que el trabajo autónomo sea una opción viable y no un camino lleno de precariedad”, concluye Landaburu.

Por Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (UATAE) 

El “capital intelectual” clave del desarrollo

En un mundo cada vez más globalizado, basado en el conocimiento, el capital intelectual se ha convertido en un verdadero activo para las empresas y las economías modernas. Lejos han quedado los tiempos en que el capital financiero, los recursos naturales o la infraestructura eran los únicos determinantes del éxito empresarial. Hoy, la información, la innovación y la capacidad para gestionar el talento marcan la diferencia en la competitividad de cualquier organización.

El capital intelectual es el conjunto de conocimientos, habilidades, experiencias y capacidades innovadoras que posee la empresa o el individuo. Se trata de ser capaz de fusionar el talento, la creatividad, la formación y la experiencia de los empleados para que el equipo de trabajo está capacitado y motivado; factor clave para el crecimiento y la innovación. Además debemos añadir los procesos internos, la tecnología, las bases de datos, la información y la propiedad intelectual que posee la empresa.

Otro factor importante son las relaciones con clientes, proveedores, aliados estratégicos y el reconocimiento de la marca. Una empresa que cultiva relaciones sólidas y de confianza tiene una ventaja competitiva respecto de su competencia.

La principal ventaja de potenciar estos recursos intelectuales es lograr una mayor capacidad de innovación y generar productos y servicios novedosos lo que nos permitirá diferenciarnos en el mercado y responder a las necesidades de los consumidores de manera más efectiva.

Ser eficientes, permite optimizar procesos, reducir costos y mejorar la calidad de los servicios.

Las empresas que valoran a sus empleados consiguen retener el talento, lo que se traduce en menores costos de rotación y mayor compromiso ayudándonos a fortalecer la posición en el mercado, las relaciones empresariales y la reputación de la imagen de marca permite acceder a mejores oportunidades de negocio, establecer alianzas y fidelizar clientes.

A nivel macroeconómico, el capital intelectual es un factor clave para el crecimiento sostenible de los países. Las economías basadas en el conocimiento, han demostrado que la inversión en educación, investigación y desarrollo genera un impacto positivo en el PIB, la productividad y la competitividad a nivel global.

Las empresas tecnológicas y de servicios avanzados han desplazado a la industria tradicional como los principales motores de crecimiento económico. Sectores como la inteligencia artificial, la biotecnología, las energías renovables y las telecomunicaciones dependen directamente del talento humano y la capacidad de innovación.

En la era del conocimiento, el capital intelectual se ha convertido en la piedra angular del éxito empresarial y económico. Las personas, empresas y países que logren desarrollar y gestionar eficazmente este recurso tendrán mayores posibilidades de adaptarse a los cambios del entorno, crear valor y mantenerse competitivas en el mercado global. Por ello, la inversión en educación, tecnología y gestión del talento es una estrategia esencial de inversión para innovar y crecer sosteniblemente.

Antonio Luis González Núñez

Presidente de Fedeco Canarias